Viejo poema nuevo IX.

Sueñas con que te diga
«déjame al otro lado, que
con la izquierda no me apaño
y me encanta tocarte».
Sueñas con que le guste arroparse, pero
dejando siempre una pierna fuera
de la manta;
con que
pida permiso para
leer tus libros
cuando ya estén en su mesilla de noche.
Sueñas con que sea pequeña
y te quepa en el bolsillo, y
gigante para protegerte;
con que te discuta el blues
por el jazz, o Kerouac por
Bukowski, y te llame a veces
y a veces no.
Sueñas con pecas
y caderas
y palabras
y sexo
y caricias.
Crees que sueñas con que existe;
pero no:
sueñas con que algún día
estés a la altura de semejante error.

Viejo poema nuevo VIII.

Hay algo en mí que no responde a principios
y nunca tiene frío:
algo que no sé
explicar, que no puedo
definir, que nunca dejaré
que muera.
Hay algo en mí que es eterno
y nunca dice que ama, pero
lo envuelve todo en seda y
me hace seguir amando
mi vida
(que es suya).
Algo que duele y
corre y
crece y
folla con las mujeres
con las que yo solo me acuesto en sueños.
Algo que piensa como
yo y siente como
yo y se parece
a mí,
pero es perfecto.

Viejo poema nuevo VI.

Delante de mí tengo una lista
de todos
mis errores.

Io sonno
Tu sei
Lei é

Está bien pensar que
fuimos demasiado
buenos
para ser ciertos o que fuimos
demasiado hermanos para
ser amantes.
Pero fuimos
buenos y
hermanos y,
a veces,
nos quisimos;
quiero recordar que adoré
elvalle que formaban tus pequeños pechos
hasta tu ombligo, y
la sombra que proyectaban nuestros cuerpos
desnudos contra la pared.

Quiero recordar y no recuerdo.

Delante de mí tengo una lista
de todos mis errores
y yo estoy en todas las fotos
y a ti no te encuentro.

Siempre me gustaron las historias
de fantasmas.

Viejo poema nuevo V.

«Mis demonios y yo estamos más unidos que nunca»
Homer Simpson

Esta casa que no tengo, que
he pagado con mi esfuerzo, que
es oscura de negras paredes blancas y
me pertenece
por fin,
esta casa
es tuya.

Tuyas son sus persianas que casi fueran
raíles de aquel tren. Tuyas son
sus ventanas en las que quedaran
las huellas húmedas de nuestras manos en invierno
cuando fuésemos perros. Tuyas son
sus calles y avenidas de techo bajo
y poca luz. Tuyo, su pequeño baño con olor a
No-Do. Tuya es su cocina donde tantas
veces follásemos. Tuyo es su sofá donde quizña
hiciésemos el amor. Tuya es su hambre. Tuya
su insomnio; mi lámpara, mis libros, mi mesa e, incluso,
esa planta de interior que matásemos. Tuyos.
Tuyos son sus recuerdos donde nos encontrásemos.
Tuyo es mi odio ciego donde te amara.
Tuya habría sido, quién sabe, esta cama
desde donde te echo de menos.