“Los jóvenes hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan al respeto a sus maestros.” Sócrates.

Aunque no haya visto ni si quiera la mitad de lo que me gustaría, ni entienda apenas un cuarto de lo que debiera, me gusta el cine. No me ha servido para demasiado, pero me entusiasma. De hecho…

De hecho ayer, borracho como una jodida nutria e insultando a seres que tampoco distan tanto de ser tan necios como yo (ya sabéis, a veces me gusta creerme mejor que el resto) en un bordillo sucio y decadente del parking de la Peraleda, el cine me sirvió para imaginarme tirando el cubata, enmarcándome las cachas en un traje de cuero amarillo y matando uno por uno con mi katana a toda la gente de ese lugar, al más puro estilo Kill Bill.

Luego, pasada la enagenación mental transitoria, besé a Nati, me levanté, sonreí por cualquier estupidez y me dirigí, como no podía ser de otra manera, a mear. Por el camino, no sé por qué, me sentí triste pisando esa alfombra de cristales rotos que yo mismo había contribuído a coser y, pensando en qué cojones hacía con mi vida, qué me había hecho a mí Negrita para estamparla contra el suelo o, incluso, si de verdad todo aquello merecía algún tipo de pena(la fase filosófica de toda buena borrachera) y el cine acudió a mí de nuevo, esta vez de manos de Riddley Scott y su obra maestra “Blade Runner” y me entraron unas extrañas ganas de desnudarme hasta quedarme tan sólo con los calzoncillos y gritar a toda aquella gente que yo había visto cosas que ellos jamás creerían… atacar naves en llamas más allá de Orión… había visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Täanhaussën; pero todos esos momentos se perderían en el tiempo… como lágrimas en la lluvia.

Con todo, ni me desnudé, ni solté ninguna mierda de discurso mítico. Suficiente tenía con lograr concentrarme para no mearme las zapatillas.

De vuelta, tras habérmela sacudido como Dios manda para no dejarme un ronchón de orín en mis impolutos vaqueros, sentí lástima de aquella gente, pensé en lo fácil que es desperdiciar el tiempo, el talento, las ideas… en lo jodidamente vacío que está ese canon. Sentí lástima y asco y, al llegar a mi bordillo mugriento me encojí de hombros, me serví otro cubata y me emborraché un poco más. Porque el cine también me ha enseñado que, a veces, el ser humano necesita ser hipócrita para sentir esa adorable sensación de creernos mejor que la mierda que nos envuelve.

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3 comentarios en ““Los jóvenes hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan al respeto a sus maestros.” Sócrates.

  1. Un día tenemos que discutir lo que verdaderamente nos enseña el cine y si ciertamente la obra maestra de Ridley Scott es Blade Runner. Tenemos una charla pendiente.
    Buen post, sí que sabes escribir, hijo de perra!

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